Ricardo Hormazábal plantea que plurinacionalidad como está sería un riesgo para Chile, implicaría convertir al país en un archipiélago de autonomías, con una discriminación que afectaría al 80 % de las personas

Hormazábal, hizo pública una “minuta” de 17 páginas dirigida al presidente y mesa de la DC. Como son muchos los que no van a leer el documento, nos tomamos la libertad de hacer un resumen, con la finalidad de acercarlo a quienes estén interesados en conocer la postura de un destacado dirigente,

Ex senador Ricardo Hormázabal, ex diputado, diplomático, dirigente sindical y abogado en su minuta enviada al presidente del Partido Demócrata Cristiano, plantea que plurinacionalidad como está sería un riesgo para Chile, tal como está planteada en el proyecto de Reforma Constitucional, implicaría convertir al país en un archipiélago de autonomías, con una discriminación que afectaría al 80 % de las personas que viven en Chile, además de ser un riesgo a la estabilidad y unidad del país.

La Constitución actual no es la de Pinochet, porque a la de 1980 se le hicieron importantes modificaciones en 1989, con la aprobación del 90 por ciento de la población; y también en 2005; y sí bien requiere modificaciones, “aún no veo un cambio positivo”. Igualmente expone que la DC debe ser un partido de “oposición popular”, que sus militantes no deben aceptar cargos, porque eso los debilita.

Plurinacionalidad:

Sostiene que con esa propuesta “se vuelve al Siglo XIX, y se crea una clase de personas que pueden ser o no ser chilenos, ser o no ser ciudadanos y no hay mención alguna al rol relevante de las corrientes migratorias que dieron forma al Chile actual. Se construye un Chile desconocido, que convierte al país en un Archipiélago de autonomías, con una clase especial: «Las etnias originarias”.

Tal como está planteada la propuesta comenta que incluso “puede ser una forma de negar documentos sobre Derechos Humanos de la ONU» tan importantes como el Artículo 2, que dice que “toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

En referencia a la Autarquía que proponen algunos, alerta que en el mundo globalizado que vivimos, NO es posible que un país o una Nación pueda vivir sin depender de otros.

“La respuesta de que el proceso podrá durar 8 o 12 años, y que eso se verá en las nomas transitorias, refleja que estamos ante un acto de fundación de un nuevo Chile, desconocido para mí, y sin garantías que puedan aprobarse, porque después del enojo ciudadano de la elección de la CC, la derecha ganó espacios y controla el 50% del Senado, con oportunidades de crecer con el apoyo de otros sectores hoy en el limbo o en la oposición”, anota.

Dice no ser contrario a usar la expresión plurinacional si la entendemos como la define Jacques Maritain, como “una comunidad de comunidades, un núcleo consciente de sentimientos comunes y de representaciones que la naturaleza y el instinto humano han hecho hormiguear en torno a un determinado número de cosas físicas, históricas y sociales”, pero advierte que el mismo Maritain describe los dañinos efectos que el nacionalismo extremo generó con el nazismo y fascismo y lo que, “en mi opinión, provoca hoy la conducta de Rusia, con Putin, entre otros ejemplos”. “Maritain nos indica con claridad las diferencias entre nación, cuerpo político y estado, aunque reconoce que estos dos últimos pueden usarse como sinónimos, pero enfatizando que el estado es sólo una parte del cuerpo político, y cuya misión es el «Bien Común, gran diferencia con las visiones totalitarias”.

También advierte de los efectos que puede tener sobre la unidad de Chile una revisión histórica inadecuada. “La historia nos muestra que varios pueblos originarios se unieron al naciente Estado chileno en forma pacífica, pero que otras comunidades fueron sometidas por las armas, y como en todo conflicto bélico, hubo muertes, horrores y mucho dolor entre las fuerzas combatientes. Pero esa era la manera de adquirir el dominio de territorios en ese siglo, así ocurrió en otros continentes y en el nuestro.

Si se quiere revisar las situación de la colonia, o de la segunda mitad del siglo XIX, ¿Cómo podríamos negarnos a las demandas en el Norte de Bolivia y Perú, que eran los continuadoresde los pueblos originarios de Tarapacá y Antofagasta?

¿Podemos desconocer que normas constitucionales creadas para la Macro zona Sur no van a ser exigidas para el Norte de Chile?

Esas propuestas aumentan el riesgo de inestabilidad en el país, nos debilitan aún más para enfrentar a las grandes empresas transnacionales que abusan en amplios sectores de nuestro quehacer.

¿Ha habido abusos con pueblos originarios? Por cierto, cómo con nuestros inquilinos y obreros, como contra las mujeres y contra las diversas minorías discriminadas injustamente. Pero destruir la unidad de Chile mediante negociaciones pequeñas y acuerdos sectoriales o grupales para obtener ventajas para un grupo, no es legítimo.

“No comparto la idea de un conflicto con el pueblo mapuche o con los pueblos originarios. Soy hijo de una inmigrante y un mestizo, como más del 80% de nuestro pueblo. Me siento orgulloso de tener estos ancestros y apoyo con fuerza la promoción y defensa de su cultura, idioma, pero rechazo el rompimiento de Chile y la existencia de grupos étnicos, religiosos, económicos, de clase con privilegios que no se condicen con la necesaria búsqueda de la justicia social.

El diálogo es un medio valioso, lo respaldo, pero no es un objetivo central, es un método de trabajo para buscar acuerdos. Hay grupos extremos que buscan un golpe y otros que quieren ser dueños de un territorio que algunos de sus antepasados habitaron y perdieron, en buena parte, por medios bélicos, cómo ha sido una dolorosa realidad”.

Luego expone: “Chile no puede ser un archipiélago de autonomías, normas distintas o personas o grupos que opten por ser o no ser ciudadanos. Esas son, en mi opinión, demandas extremas y minoritarias.

En efecto, si se aceptan las cifras oficiales, sólo un 12% de los chilenos se reconoce como descendiente de los pueblos originarios.

El 88% de los chilenos somos mestizos o inmigrantes de las diversas corrientes migratorias que hemos conocido antes y que seguimos recibiendo ahora. Somos un Chile formado por la concurrencia maravillosa de los pueblos originarios y las diversas corrientes migratorias, que tenemos el desafío de construir una casa para todos, con normas que puedan ser convertidas en realidad y no meramente frases discursivas”.

Recuerda, asimismo, la existencia de algunos acuerdos tomados por 2/3 en la CC “que nos convierten al 88% de los que tenemos la suerte de habitar este suelo en ciudadanos de segunda clase, con obligaciones que no valen para otros, por ser de una etnia distinta”. *“Quiero recordarsobre este punto que en el plebiscito sobre el apruebo o rechazo votó el 52% de los ciudadanos con derecho a voto, y en las urnas reservadas a los pueblos originarios sólo lo hizo el 25%. Entre ellos, nuestra camarada Yasna Provoste”.

Finalmente recuerda que una buena parte del pueblo chileno, incluidos los pueblos originarios, fue incorporado masiva y realmente a la calidad de ciudadanos cuando Eduardo Frei Montalva hizo aprobar el voto de los analfabetos y los mayores de 18 años. En especial, al pueblo Rapa Nui le fue reconocido ese derecho en ese mismo gobierno.

“El pueblo mapuche ya había elegido diputados antes, de derecha algunos y un DC, Manuel Rodríguez Huenuman, que hizo uno de los primeros discursos en la Cámara en el idioma de su pueblo”.

Propuesta de nueva Constitución

Sin pronunciarse a favor o en contra del proyecto de nueva Constitución aún en elaboración, también defiende los cambios constitucionales a la actual Carta Magna realizados entre 1989 y 2005, lo que la hacen ser un documento distinto al original. “En 1989 se hicieron 54 modificaciones, aprobados por cerca del 90% de los votantes, con la campaña en contra de la UDI. El 2005 se hicieron cambios más importantes, que dejaron intacto el estado subsidiario neoliberal, porque el Presidente Lagos estaba cómodo con él”. Sin embargo, sostiene que no se puede aceptar el argumento de un ex ministro de Lagos, de que iba a votar apruebo, a ciegas, porque Andrés Chawick, UDI, había manifestado que en la constitución de 2005 se mantenía lo sustantivo de la Constitución de Pinochet. Esa “es una actitud demagógica”, “La Constitución del 2005 debe ser cambiada en diversos aspectos, pero no es la de Pinochet. Quiero cambiar esta, pero hasta el momento no veo un cambio positivo”, aclara.

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