Gabriela Mistral: La persona que nació tres veces.

El primer nacimiento, con el nombre de Lucila Godoy Alcayaga, ocurrió en el hermoso y querido Valle del Elqui, en un día como hoy 7 de abril de 1889, dónde, por su expresa voluntad, se guardan sus restos mortales, en Montegrande, lugar en que vivía su familia. Hay allí una losa con una inscripción que recuerda algunos de sus profundos pensamientos. “El artista es a su pueblo lo que el alma para el pueblo”

 Nace, por segunda vez, un 12 de diciembre de 1914, cuando se reconoce como ganadora de los juegos florales de ese año, a Gabriela Mistral, “nombre de Arcángel y apellido del viento”, escogido por ella en homenaje a dos poetas que ella admiraba y para cubrir su timidez, pero sin ocultar el amor, la pena y la pasión de una veinteañera que había perdido el amor de alguien a quien quería.

 El tercer y último alumbramiento se produce en una fecha que ignoro, el lugar, Santa Margarita, Italia, cuando ingresa a la Tercera Orden Franciscana, cuyo hábito la acompañó al inicio de su sueño mortal.

Aprendí a conocer su prosa, sus versos y parte de su vida, conversando con varias personas a quién he admirado. Radomiro Tomic y su maravillosa esposa, Olaya, que habían compartido mucho tiempo con ella y que aceptó ser madrina, en 1946 de uno de sus hijos, Gabriel, bautizado así en su honor.

 Don Eduardo Frei Montalva, junto a Radomiro eran personas de su plena confianza. Ellos eran sus abogados y, además, sus confidentes para analizar temas doctrinarios y políticos. Ella les presentó a Jacques Maritain, el filósofo católico más importante del siglo XX y el más influyente en varias generaciones que militamos en la DC.

 Un ejemplo se encuentra en una carta que Eduardo Frei M. le envía con fecha 3 de mayo de 1939. En esa nota, Don Eduardo le envía un detalle de la administración de algunos bienes y le señala entrando al ámbito político, que hay una gran intranquilidad con huelgas continuas. Esto no saldrá fácilmente bien”. Más adelante le pide un favor.” Más adelante, cuando viera a Maritain, le contara algo de nuestro movimiento y la parte que a él le cabe en su inspiración ideológica”

 Espero que en el Valle del Elqui se le recuerde hoy y siempre, así como en entidades culturales y sociales. Yo lo hago, como recuerdo de esos líderes extraordinarios que conocí, y porque aprendí a querer las tierras en que ella nació, estudió y dónde también conoció el dolor y la alegría. Asimismo, porque sus poemas, y su prosa sobre temas valóricos, sociales y políticos me alimentan el alma.

 El 10 de diciembre de 1945, recién terminada una guerra, tan horrorosa como todas las guerras pasada presentes y futuras, Gabriela Mistral recibe el Premio Nobel de Literatura, galardón que junto al que recibió Pablo Neruda en 1971, nos permite ser uno de los pocos países chicos que tienen ese honor, y que hemos sido tan mezquinos en no reconocerlos de una manera más activa.

 La historia nos muestra que, para variar, la iniciativa surge en Ecuador primero, y es apoyada, con entusiasmo en Chile por sus amigos falangistas y por el entonces Presidente, también gran amigo de ella, Pedro Aguirre Cerda. Se busca un autor del primer mundo para que prologue las obras que se publicarán para respaldar la postulación. El gobierno ofrece a Paul Valery, destacado intelectual francés, pero Gabriela no está de acuerdo, a pesar de admirar su obra. Argumenta:  «Las razas existen y, además de eso, hay los temperamentos opuestos. Yo soy una primitiva, una hija del país de ayer, una mestiza y cien cosas más que están al margen Paul Valery”.

 Al recibir el premio, expresó: “Hoy Suecia se vuelve hacia la lejana América-Ibera para honrarla en uno de sus muchos trabajadores de la cultura. “Se reconoce como hija de la democracia chilena y afirma: “Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento, la voz directa de los poetas de mi raza y la indirecta de las muy nobles lenguas española y portuguesa”

 El 24 de diciembre de 1945, declaraba en Estocolmo, “Fue Jacques Maritain el que ejerció sobre mí una especial influencia, por el sentido que el da al cristianismo. Fui budista durante 20 años, pero retomé el catolicismo por los libros de Bergson y, sobre todo, por Maritain.” Compró para sus amigos de la Falange, libros de Maritain, para enviárselos a Chile y cooperó decisivamente en la gran relación que se forjó entre el gran filósofo francés y sus seguidores chilenos.

La influencia de Maritain la hacía promover su creencia en un “nuevo humanismo”, espaciado de agudas especies jesu-cristianas. La cultura, escribió la poetisa en 1939,” es la que aumenta la entraña del alma, que nazca desde las raíces mismas del ser y que desde ella riegue lo corporal y lo invisible y ennoblezca nuestros instintos, que hace germinar un humanismo cristiano de América”. Para ella la cultura no se agotaba en la formación intelectual, utilitaria que “distribuya a los jóvenes profesiones y oficios que los pongan a hacer ciudades opulentas, que les cree un repertorio de placeres nobles o mediocres y que les deje el alma bárbara o vacía, endurecida o vacante.”

 Como intelectual de gran sensibilidad recordaba que “Devoraba el budismo a grandes sorbos, lo aspiraba con la misma avidez que el viento en mi montaña andina de esos años. Pero, reflexionaba, “al regresar después de mi dieta budista, a mi vieja Biblia de tapas resobadas, yo tenía que reconocer que en ella estaba, no más que en ella, el suelo seguro de mis pies de mujer”.

 La gran poetisa fue promotora activa defensora de diversas causas. El voto femenino era una de ellas. En el prólogo de uno de los libros de su amigo Eduardo Frei escribe: Falta en su libro la visión de esta mujer que tiene capacidad para decidir sobre su destino. Lo mismo le reclama a su amigo Presidente de Chile, Pedro Aguirre Cerda.

 Hablando a las mujeres de América decía “que sabían que la paz de los pueblos no es un bien que dora a los otros bienes como hace la luz con los otros cuerpos, sino que es la condición virtual de cualquier grado de progreso, modesto o espléndido, que los pueblos busquen. La mujer nuestra sabe que la solución pacífica de los conflictos nacionales es una jornada que cuenta mucho más en el destino americano. Porque la paz se vuelve la manifestación más evidente de eso que llamamos una “cultura”, y sólo cuando los pueblos la viven largamente, hasta que ella se torna un hábito a secas, o sea el blando resbalar de la costumbre, naturalmente, como sobreviene el día y gira el ruedo de las estaciones

 Proclamaba que “nosotras, mujeres de una América a medio poblar, de este continente a media jornada, repudiamos todo programa que no consulte una corrección corajuda de la miseria que mancha nuestro suelo. Necesitamos ver que el campo americano sale del abandono en que ha vivido y es incorporado a la cultura de las ciudades.

 Reconociendo las diferencias pedía: “Deseamos que el propio bienestar no nos avergüence al subir el sol cada mañana, por existir lado a lado con la desesperación de las masas.” “Todo esto queremos las mujeres de América, lo mismo las tradicionalistas entre las que me cuento, que las revolucionarias, lo mismo la roja que la blanca o que la fluctuante, que no acierta aún con lo que desea, lo mismo la creyente que la atea” “Siendo madres y hermanas del hombre, que al igual que el fruto bronceado a la intemperie, no maduró nunca sin libertad y no tiene honra sin ella pedimos clima de libertad y sal de libertad para este mundo”.

 Su maestro Maritain había enseñado que personas mutuamente opuestos en sus concepciones teóricas, pueden llegar a un acuerdo puramente práctico sobre una enumeración de derechos humanos”

Para ella el conservador y el comunista, eran lisa y llanamente, ciudadanos chilenos, por eso condenó, al igual que la Falange, la ley que ponía al comunismo en la clandestinidad. Su solidaridad ante la persecución de Pablo Neruda, fue abierta y activa. No es extraño, con Maritain, Gabriela Mistral miraba las diferencias naturales en los seres humanos bajo la luz de la eternidad, del mundo que pasa y cambia.

 Frente a los horrores de las persecuciones religiosas, ideológicas que conoció, Gabriela practicó las enseñanzas de su maestro terrenal; “Cuando el hereje político se compromete en la actividad política, encontrará frente a él , para hacerla fracasar, la actividad política opuesta, libremente practicada por otros ciudadanos” Creía que cuando había herejes políticos que se comprometían en una actividad ilegal, intentando usar la violencia, debía actuar el Estado con firmeza ,pero sin dejar de reconocerle nunca, las garantías institucionales de la justicia y la ley.

 Necesitamos ahora, en 2021, viviendo una crisis tan profunda, intelectuales, poetas y artistas que nos den aire para el alma, que pueda influir, sin odio ni pequeñeces, en políticos que, inspirados en los principios de los humanismos laico y cristiano, nos permitan a todos los chilenos, terminar pacíficamente con esta desigualdad terrorífica, que es un atentado brutal a los valores que hacen grande a Chile.

 Invito a compartir el deseo de la inmortal Gabriela, que los que podemos vivir sin grandes angustias económicas, “no nos avergüence el sol de cada mañana, por existir, lado a lado con la desesperación de las masas.

Gabriela Mistral, poco antes de morir, recibió la visita de Jacques Maritain, laico franciscano como ella, Quizás recordaron juntos los versos de su poema “Extasis”:

Cristo, bájame los párpados,

Pon en la boca escarcha

Que ya están de sobra todas las horas

Y fueron dichas todas las palabras. .-

Por Ricardo Hormazábal S. Abogado

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