Estación del Ferrocarril de Copiapó

A comienzos del siglo XIX, Copiapó era el centro urbano situado más al Norte del territorio nacional, a las puertas del Despoblado de Atacama que separaba a nuestro país con Bolivia. En 1832, la zona cobró gran atractivo gracias al descubrimiento del mineral de Chañarcillo, lo que provocó una creciente migración poblacional desde otros puntos del país, así como también de productos y capitales. El hallazgo de nuevos yacimientos de plata y cobre en la zona, convirtió a Copiapó en el enclave minero más importante de la época.

Con el objetivo de facilitar las faenas y el traslado del mineral, se puso en marcha el proyecto del Ferrocarril Caldera-Copiapó y sus ramales. La empresa liderada por William Wheelwright, reunió a un importante grupo de capitalistas chilenos como Agustín Edwards Ossandón y Candelaria Goyenechea. Además, contrató a técnicos e ingenieros extranjeros para iniciar la construcción del primer ferrocarril en territorio chileno y el tercero a nivel latinoamericano. En 1851 se realizó el primer viaje de la locomotora Copiapó, importada desde Inglaterra y en 1852, los rieles ya comunicaban la localidad costera de Caldera con Copiapó recorriendo una distancia de 81 kilómetros de desierto.

El edificio de la Estación de Trenes de Copiapó se construyó en 1854 en el sector de la Chimba, al norte de la ciudad y formó parte de un conjunto integrado por bodegas y habitaciones para los funcionarios de ferrocarriles. El edificio central fue construido en madera con tabiquería de caña y barro, en un estilo colonial americano combinado con elementos neoclásicos. La estación destacó por su gran tamaño, pensado para guarecer a un tren completo en su interior.

Durante el siglo XIX, la Estación de Trenes de Copiapó fue una de las más importantes del país en cuanto a flujo de materias primas y pasajeros. En 1914 se integró a la Red Norte de Ferrocarriles del Estado, manteniéndose operativa hasta 1975. En 1978 recibió su último tren de pasajeros

La Estación de Trenes de Copiapó, propiedad de Empresa de Ferrocarriles del Estado, fue declarada Monumento Nacional en octubre de 1981. Al año siguiente fue restaurada y convertida en museo de sitio. Desde 1998 se encuentra cerrada al público, aunque se abre esporádicamente para realizar exposiciones y eventos culturales.

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