El Alicanto, leyenda de los mineros de Atacama

«Cuando veas un pájaro de alas doradas que cruza en el desierto atacameño, ¡síguelo! Si las alas son muy doradas se verán como un espejo o como una lámina muy hermosa de oro. No te costará mucho encontrarlo, porque como ha comido tanto oro y plata no se puede mover muy rápido. Me había olvidado de contarte el nombre: se llama Alicanto. Si encuentras un Alicanto, síguelo y ubica la veta donde procura su alimento, porque es seguro que serás rico».

Así cuenta una leyenda la historia de este pájaro mitológico de Atacama, que conocieron los mineros de la Región desde la época de la Colonia, cuando los primeros cateadores salían a recorrer esta árida geografía en busca de riquezas. Es posible que la leyenda viniera de más atrás en el tiempo, antes de la llegada de los españoles, cuando los antepasados indígenas trabajaron las primeras vetas que fueron parte importante en los ricos adornos de oro y plata de los Hijos del Sol, en el Cuzco. Cualquiera sea su origen, esta leyenda se arraigó en Atacama, y aquel minero que recorre el desierto buscando los reventones de riqueza piensa secretamente en encontrar esa ave misteriosa que muchos cateadores juraron haber visto y que, por fortuna, les llevó a encontrar el anhelado tesoro.

¿Cómo es el Alicanto? Mediano, como del tamaño de un pato cordillerano, pero de una belleza casi mágica…Se alimenta del oro y la plata. Los mineros lo vislumbraban en las soledades de Atacama, desde mar a cordillera, cuando sus alas brillaban doradas o plateadas, dependiendo del metal que había digerido. Los cateadores se ponían felices cuando lo ubicaban en pleno vuelo y su sueño era que se posara en un cerro, «a vista del cateador», pues era seguro que se trataba de buenas vetas.  Luego procuraban, sigilosamente, llegar al lado de éste y espiar el lugar de la montaña donde escondía el oro y la plata. Lo dejaban comer tranquilamente y, cuando partía, llegaban a buscar los anhelados tesoros. Algunos mineros contaban que le costaba retomar vuelo, por el pesado metal.

Llamará la atención al lector que he escrito en «pasado» esta historia. Lo que pasa es que hace muchos años que nadie ha podido ver al Alicanto, tal vez porque quedan tan pocos cateadores. A pesar de todo, los últimos cateadores todavía salen a descubrir minas en Semana Santa, la mejor fecha del año para los buscadores. Añoran encontrar al ave bendita de los tesoros.

Así es Atacama, llena de historias y leyendas que forman parte de la tradición. Ojalá sea verdad lo del Alicanto, el que muestra con sus alas doradas y plateadas los tesoros, porque entonces sería posible que nos llevara allí donde procura su manjar, que no son granos de trigo, sino la veta de oro o plata que es el néctar que lo mantiene bello y bien alimentado.

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