Mujeres emprendedoras: primera línea para la reactivación

La crisis social y económica provocada por la pandemia ha profundizado los problemas estructurales de desigualdades, informalidad y pobreza que golpean especialmente a las mujeres.

La CEPAL estima que hemos retrocedido una década en inclusión laboral femenina, reflejada en una caída del 23,5% de la ocupación laboral durante el 2020 (más de 6 puntos en comparación a los hombres), siendo la mayoría de los empleos perdidos informales y de los sectores menos productivos. Además, el 31% de las mujeres del primer quintil han salido del mercado laboral por la economía del cuidado.

En Fondo Esperanza, más del 80% de las personas con las que trabajamos son mujeres emprendedoras, de las cuales un 42% debió paralizar su negocio en los primeros meses de pandemia. El 50% de estas emprendedoras son jefas de hogar y única fuente de ingresos de sus familias, las que, evidentemente, se vieron drásticamente afectadas durante los peores momentos del confinamiento.

Ante este duro panorama, hemos estado trabajando junto a ellas, apoyando sus iniciativas para salir adelante. Y, una vez más, hemos presenciado el coraje y esfuerzo con que las mujeres se constituyen como protagonistas claves para generar procesos de recuperación económica y social. 

Hemos visto a diario cómo mujeres son la primera línea en la reactivación de las economías locales, generando apoyos efectivos en sus comunidades para dar respuesta a las necesidades de sus vecinos y sus familias. Algunas lo hicieron instalando ollas comunes en sus barrios, poniendo sus negocios al servicio de las demás personas o incorporando la tecnología y herramientas innovadoras para la comercialización de productos y servicios. Incluso, reinventado por completo sus negocios y fuentes de ingreso.

Pero este esfuerzo no puede ser solo de parte de ellas, hoy más que nunca, es imperante contar con políticas públicas que faciliten este proceso de reactivación con perspectiva de género, poniendo foco en la reinserción laboral femenina, generando espacios para que las mujeres más vulnerables no se vean relegadas a funciones de cuidados no remunerados. Políticas que acorten las brechas tecnológicas que hoy las dejan fuera de procesos sociales, laborales y económicos cada vez más digitalizados. Políticas que apoyen e impulsen las iniciativas territoriales, que se gesten desde y con las lideresas comunitarias, con formas distintas e innovadoras de conducción. 

Sin su voz, sin su opinión y sus ideas, superar esta crisis que nos ha obligado a estar separadas y separados físicamente, solo se volverá cuesta arriba; pues la construcción de una sociedad más justa, igualitaria y digna se hace integrando el trabajo de todos y todas.

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