El Encuentro Climatico: ¿La Ultima Esperanza?

China y Estados Unidos, para algunos observadores y analistas políticos y económicos, las más grandes potencias mundiales, se comprometieron a reducir sus emisiones de efecto invernadero para combatir el calentamiento global en la Cumbre Climática 2021, donde asistieron más de 40 representantes de países de los cinco continentes.

Hay que actuar de buena fe, más aún en estos momentos de pandemia donde la confianza sufrió un duro revés, y ¡debemos creerles! o quizás sea la última esperanza para salvar nuestro único hogar: la tierra.

El clima no ha cambiado en forma radical en los últimos cien años, prácticamente desde la llamada Revolución Industrial, sin embargo,  científicamente se comprobó que la temperatura media del planeta está  aumentando paulatina y sostenidamente como consecuencia del uso de combustibles fósiles, entre ellos el petróleo crudo, carbón y gas natural, que conllevan gran emisión del CO2, Dióxido de Carbono, denominado en el pasado Anhídrido Carbónico, de carácter antropogénico, es decir, tiene su  origen en la acción humana.

 La Revista National Geographic, septiembre 2004, ya consignaba que la temperatura es 0.6°C más elevada que en el siglo pasado y está aumentando.

Las emisiones de esta práctica económica e industrial se denominan Gases de Efecto Invernadero (GEI) que, al no ser expelidos totalmente al espacio, pues son retenidos o “atrapados” por la atmósfera, producen el “efecto invernadero” o “calentamiento global”. Estos gases, entre los cuales también está el metano, óxido nitroso y los clorofluorocarbonos, impiden que la radiación o energía solar regrese al espacio, después que una parte de ella es absorbida por la tierra, y hacen que se re-integre produciendo una retención del calor. Este fenómeno para muchos (as) expertos está produciendo el “cambio climático”.

¿Qué consecuencias tiene esta situación? Pueden ser muchas y variadas, como el derretimiento acelerado de los glaciares, sequías, tormentas y/o aluviones donde antes no existían con frecuencia, migración de especies de la flora y fauna, derretimiento del permafrost, inundaciones, aumento del nivel de los océanos, incendios devastadores, muerte de los arrecifes de coral, entre otras.

Sin embargo, la mayoría de los casos corresponden al empleo del método empírico, aquel que se basa en la práctica, experiencia y observación de los hechos, pero aún requieren de un estudio acabado y científico que demuestre causa – efecto, no obstante, dichas observaciones tienen validez.

Visito la Laguna Santa Rosa (3.800 m.s.n.m. Región de Atacama) desde los inicios de la década del noventa y es cierto lo que dicen algunas personas: “cada día tiene menos agua”. No tengo ninguna duda, pero a la vez no tengo la certeza si esta condición se debe al calentamiento global o a la extracción legal e ilegal de agua en sectores cercanos al humedal, básicamente por labores de la gran minería.

Esta Cumbre Climática 2021 es una buena instancia para que los gobiernos mundiales inyecten más recursos financieros, de infraestructura y equipamiento a la investigación científica que, con el surgimiento de la pandemia, quedó al descubierto que está “en pañales” en dicha área y otras.

Hoy, más que nunca, presupuestos generosos para la investigación científica en sus más diversos ámbitos son necesarios y urgentes.

En Chile, sólo se destina un 0,4 % del PIB a investigación, mientras que en otros países abarcan más del 2,0%, y en Israel, República de Corea, Australia, Suecia y Alemania, fluctúa entre 4.95 % y 3.9, según estadística del año 2018.

Algunos expertos sostienen que el presupuesto para Innovación, Ciencia y Tecnología (ICT) en Chile bajó en un 9,5% en comparación al 2020 y es de una magnitud similar al 2014.  

La cumbre debe llevar a reflexionar sobre esta materia. Lo más positivo o rescatable de la cumbre es el compromiso de varias potencias de reducir las emisiones de efecto invernadero y el hecho que el Presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, retoma así el compromiso del “Acuerdo de París” que su antecesor, el negacionista Donald Trump, había desechado culpando a China de propagar una invención con fines económicos o quizás  pensando que el gran gigante asiático podría liderar el “nuevo orden mundial”, relegando a un segundo plano a Estados Unidos.

La Cumbre Climática coincidió con el Día Mundial de la Tierra, conmemorado desde 1970, y ambas  fechas y acontecimientos deben servir no sólo para hacernos reflexionar, sino que también  para que los gobiernos firmen “un pacto de honor” con sus respectivas comunidades comprometiéndose en brindarles una mejor calidad de vida y que el quehacer de las generaciones futuras está asegurado porque no se hará una explotación irracional de los recursos naturales, podrán vivir en un ambiente libre de contaminación y se educará  pensando que la naturaleza es un sujeto de derecho y no un objeto al que se puede depredar y vulnerar.

Por de pronto, la meta de la mayoría de los países presentes en la Cumbre Climática es “carbono neutral” en el año 2050.

Conservemos la esperanza, luchemos contra el calentamiento global y eduquemos a los que vienen tratando de heredarles un mundo mejor.

Jorge Oporto Marín. Periodista

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